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Ley de emprendedores: qué falta más allá de reglamentar

A pesar de que los argentinos son conocidos por su creatividad, el ecosistema no se potenciaba en escala, hasta ahora. La flamante Ley de Emprendedores apunta a cambiar ese panorama. Cuáles son los principales retos que enfrenta y cómo los resolvieron otras economías.

04 de Mayo 2017
Ley de emprendedores: qué falta más allá de reglamentar

Una buena idea es sólo el comienzo. Para lanzar un emprendimiento tecnológico, hace falta bastante más que la innovación original; ese primer ladrillo sin el cual nada puede comenzar a construirse. Infraestructura adecuada, recursos humanos a la altura, una regulación que sea amistosa con un ecosistema emprendedor y una buena cultura enfocada en lo digital son los puntapiés para pegar el gran salto. Así, por lo menos, lo estima un informe de la consultora EY — “Disrupting the Disruptors”, es su título en inglés— que entrevistó a jóvenes emprendedores de los países que integran el G20 para determinar qué economías son más fértiles para la aparición de startups. Canadá, los Estados Unidos y Japón ocupan las mejores posiciones. Para la Argentina, todavía, las noticias no son tan felices: aparece en el puesto 20 del informe (el último relevado) tanto en el acceso a financiación como en el ambiente de negocios digitales (es decir, todo lo que se refiere a regulaciones e impuestos). En lo que es cultura emprendedora y nivel de educación, los números mejoran pero no demasiado: el país ocupa los puestos 16 y 14, respectivamente. A pesar de contener a los únicos unicornios de América latina —y que todos sean tecnológicos— la Argentina todavía adolece en casi todas las áreas de importancia. ¿Qué se necesita para pegar el estirón y llegar a las grandes ligas?

 

Inversiones, se buscan

Es común escuchar, en las historias de éxito locales, que los primeros aportes de casi cualquier startup vinieron de ese grupo que se conoce como “Friends and Family”. O que, incluso, losfundador estuvieron que aportar fondos propios, manteniendo un trabajo estable mientras se daban los primeros pasos del proyecto. “La falta de financiamiento genuino es uno de los mayores problemas de nuestros entrepreneurs”, afirma Carlos Pallotti, subsecretario de Servicios Tecnológicos y Productivos del Ministerio de Producción de la Nación. “Hoy, no es fácil acceder a financiamiento porque, en general, no existen fondos de capital semilla, es decir, el financiamiento inicial para la creación de una microempresa o para permitir el despegue o consolidación de una actividad empresarial existente”, enfatiza Guibert Englebienne, Chief Technology Officer (CTO) de Globant y Chairman de Endeavor Argentina, una organización que está presente en más de 20 países y apoya a más de mil emprendedores en el mundo.

“La Argentina está muy bien posicionada porque tiene un ecosistema emprendedor vibrante, por eso soy optimista”, opina. En este sentido, Pallotti cree que la Ley de Emprendedores —que se promulgó recientemente—, mejorará el acceso al capital ya que, justamente, uno de los puntos que propone es que existan líneas de financiación para emprendedores y préstamos para que éstos puedan pagar sueldos. Sin embargo, Englebienne cree que si bien esta iniciativa tiene puntos muy interesantes, está más focalizada en el momento de creación de la empresa, “con lo cual habría que pensar en otras normas que ayuden a los emprendimientos que están en otros estadios”, apunta.

 

Conectividad y acceso

 

Pero no todo es dinero. La infraestructura adecuada es otro gran limitante: el ancho de banda —y el precio al cual éste se ofrece— es una cuestión importante para todos los usuarios, incluyendo a los emprendedores. Consultado sobre el tema, Ezequiel Escobar, que es el CEO de uSound, un emprendimiento surgido en Jujuy, cuenta que para él esta cuestión es crítica. Si bien, en su provincia, la calidad de la conexión a Internet no es la misma que la que existe en Buenos Aires, cuenta que mejoró durante los últimos tiempos, algo que repercute directamente en las operaciones de su negocio, que se basa en una App para pacientes hipoacúsicos, y por el cual fue distinguido hace pocos meses como “Emprendedor del Año Argentina-Estados Unidos”, una iniciativa que busca apoyar el emprendedorismo local, impulsada por ex Embajador de Estados Unidos en Argentina, Noah Mamet. “De todos los condicionantes que existen para que la Argentina despegue, éste es el ítem menos relevante porque se resuelve con dinero, y la tendencia es que en todo el mundo se está invirtiendo para disminuir la brecha digital. Más que la conectividad en sí misma, lo importante es qué se hace con ella a nivel productivo y de formación. Mejorar la infraestructura permitiría que personas que venden en su zona puedan utilizar más el e-Commerce”, dice Pallotti.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) reportó que, en 2016, se redujo la brecha entre los países de la región y los miembros de la OCDE, pero, “a pesar de los avances, persisten problemas    relacionados con la calidad de la conexión y la equidad en el acceso a Internet, según la ubicación geográfica y la situación socioeconómica de la población”, reza el informe. Marcelo Di Chena, fundador y gerente General de MasterSoft, una firma que desarrolla software de gestión para empresas, advierte que otra variable es el precio de los productos tecnológicos, ya que el país es uno de los más caros de la región: “Se deberían eliminar ciertos impuestos a los equipamientos para empresas de base tecnológica”. Cabe recordar, que justamente a partir del 31 de marzo se eliminan los aranceles que se pagan para importar computadoras para abaratarlas. Escobar agrega que, dada la extensión del país, a veces tiene que esperar varios días para que los insumos que, sólo se consiguen en Buenos Aires, lleguen hasta Jujuy. En resumen, las cuestiones logísticas también afectan al emprendedorismo en el interior, algo que no ocurre en países más extensos, como los Estados Unidos o Canadá.

 

Revisión educativa

Una tercera condición sine qua non pasa por la educación. Los entrevistados explican que el sistema educativo nacional necesita una revisión integral en ese sentido. Un freno histórico para impulsar la cultura emprendedora es que las escuelas técnicas del país si bien tenían un rol muy importante porque entregaban a los alumnos herramientas concretas para la instancia laboral, casi han desaparecido, y las universidades no preparan a los alumnos para enfrentar cuestiones vinculadas a emprender, excepto a través de actividades aisladas como la iniciativa “Emprending” de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Como solución, desde hace poco tiempo, están apareciendo actividades para educativas e instituciones no oficiales. “Los padres deben animar a sus hijos a que emprendan, aunque quizás fracasen, en vez de incentivarlos a que sean empleados. Claro que, para esto, es crucial que en el país haya estabilidad económica”, aclara Sebastián Stranieri, socio fundador de la Asociación de Emprendedores de Argentina (ASEA). Englebienne concuerda. Nota que hay que invertir en que los chicos descubran su vocación antes de que elijan su profesión, porque muchas veces se inscriben en carreras sin contar con información al respecto.

“Muchos saben que quieren ir a la Universidad pero sólo 20 por ciento tiene definida la carrera a seguir”, recuerda. “Seguimos formando abogados contadores y otras carreras en forma masiva, y no se fomenta lo suficiente la formación en Ciencias desde la temprana edad. Si queremos lograr un cambio, necesitamos duplicar o triplicar la formación de ingenieros y especialistas”, agrega Di Chenna. La mejor manera de generar emprendedores es formando individuos con capacidades para el autoaprendizaje, el uso de las tecnologías con propósitos de investigación y el juicio crítico. Como medida inmediata para generar un cambio en este aspecto, se lanzó en 2016 el plan 111 mil, liderado por Pallotti. “Inversores del exterior me consultan por esta iniciativa, porque para que surjan emprendimientos hacen falta, luego, estos talentos, que serán los empleados de las startups”, cuenta.

El funcionario destaca que en este plan participan jóvenes que no tienen la posibilidad de formarse en universidades y que quieren tener un empleo de mejor calidad. A lo que Di Chena adhiere: “Todas las empresas y emprendimientos tecnológicos que conozco no han crecido más por la imposibilidad de sumar más recursos humanos para emprender o crecer. Por eso, este tipo de acciones son positivas”.

 

Cultura emprendedora

Sin sorpresas, es en esta categoría en la que Argentina realmente se destaca. “Aunque el emprendedorismo no se fomenta en los colegios, está en nuestro ADN. De hecho, nueve de cada 10 personas con las que hablo tienen una idea de negocio”, dice Stranieri. Sin embargo, a veces no resulta tan fácil emprender en un país en donde los vaivenes de la economía no se detienen. Pallotti y Di Chena ven las dos caras de esta moneda. Para el primero, “muchas veces es más seguro tener un trabajo estable que arriesgarse a montar un negocio propio. De todos modos, culturalmente estamos bien parados. No en vano la mayoría de los unicornios latinoamericanos son argentinos a pesar de las regulaciones, los problemas de financiación y la burocracia vigente para abrir nuevos negocios”.

Un ejemplo: abrir una nueva sociedad y empezar a pagar impuestos lleva seis horas en Chile, mientras que en la Argentina el mismo trámite puede demorar varios meses, algo que debería resolverse una vez que esté vigente la Ley de Emprendedores. “Uno de los aspectos más valiosos que tenemos los argentinos es la velocidad para adaptarnos a los cambios como consecuencia del funcionamiento del entorno local, y eso nos hace diferentes. Por otra parte, generar un emprendimiento requiere de pericia técnica, visión de negocios y management. En general nuestros emprendedores tienen menor visión de negocios que los de otras regiones, y esto está relacionado con una falta de visión estratégica de país”, argumenta Di Chena. La regulación es, para Englebienne, uno de los puntos más cruciales: “El año pasado, tuvimos una crisis en el sector de transporte por el desembarco de Uber, y la verdad es que a todas las industrias les va a llegar su Uber. Por eso, tenemos que aggionar el sistema regulatorio para que las firmas ya establecidas compitan con las nuevas”.

 

Ecosistema y centros de base tecnológica

Más allá de los países involucrados en el informe de EY, regionalmente la Argentina se encuentra en el tercer puesto junto con México, sólo superada por Brasil y Chile. “De hecho, la Asociación de Emprendedores de Chile (ASECH), cuenta con 22.000 emprendedores, por eso una de las claves es que proliferen más incubadoras y aceleradoras”, indica. Aunque, en Buenos Aires, hay varios centros de este tipo, en el resto del país la situación no es la misma. “Cuando comencé con mi emprendimiento, hace unos tres años, no sabía que existían estas organizaciones, ni que había comunidades de emprendedores ni cómo obtener inversiones”, recuerda Escobar.

Por suerte, eso está cambiando. De hecho, en los últimos meses han surgido incubadoras en distintos puntos del país. Por caso, hay un nuevo centro en Palpalá, Jujuy. Otros ejemplos: en diciembre último, el Centro de Innovación Tecnológica, Empresarial y Social (CITES) y Fundación INVAP firmaron un acuerdo para desarrollar, en Bariloche, acciones de colaboración recíproca en la promoción y ejecución de tareas de creación de nuevas empresas de base científico-tecnológicas y en el desarrollo de vehículos de inversión de capital emprendedor para desarrollar, en la zona, un ecosistema emprendedor de alta tecnología. En abril de ese mismo año, se inauguró en Tucumán la incubadora más grande para emprendedores de Tecnología del Norte Argentino, impulsado por la Asociación Empresas Tucumanas de TI (AETTI).

Con respecto a los polos y clusters, los mismos empezaron a proliferar en el país tras la crisis de 2001, impulsados, entre otros factores por la Ley 25.922 de Promoción de la Industria del Software. Así es como paulatinamente fueron apareciendo en distintas latitudes del país como Córdoba, Rosario, La Plata, San Luis, Bahía Blanca, Neuquén, Mar del Plata y Tandil, entre otros. Di Chena, que también es vicepresidente del Polo IT de Buenos Aires, ejemplifica. “Nosotros apuntamos a la vinculación entre empresas, gobierno y universidad mediante diversas acciones que también impactan en los emprendedores, ya que tenemos actividades de capacitación, incubación y de vinculación entre ellos con empresas más maduras que forman parte del Polo”, comenta.

A todo esto, el ejecutivo destaca que, “si bien existen programas de apoyo a nuevos emprendedores, no hay muchas veces acciones específicas para fomentar el espíritu emprendedor de las empresas que están en funcionamiento”. Evidentemente, la Argentina tiene un largo camino por recorrer para mejorar su posición como meca del emprendedorismo a escala mundial. La clave es que se trate de un tema de Estado y no de implementar medidas aisladas.


Publicado originalmente en la edición impresa nº 235 (abril/2017) de Infotechnology.



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