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Entreprenerds

Estos argentinos piensan la tecnología como en Black Mirror, ¿qué tienen para decir?

Lejos de las aulas y cerca de las innovaciones, cada vez más filósofos se interesan por  el avance de la medicina, la tecnología e internet, con reflexiones que exceden lo teórico. Desarrolladores, atentos: el desafío ya no es solamente técnico.

Por TOMÁS BALMACEDA - 29 de Diciembre 2017
Estos argentinos piensan la tecnología como en Black Mirror, ¿qué tienen para decir?

En el siglo 5 a.C., Platón imaginó una sociedad ideal, en la que no existían la corrupción ni los políticos viciados por los bienes materiales; en donde la educación era sagrada —aunque solo para hombres— y sus ciudadanos amaban la verdad por encima de cualquier placer pasajero. Este Estado casi perfecto tenía un secreto: toda su dirigencia estaba ocupada por filósofos o por personas formadas por filósofos. El sueño del “Rey filósofo” conquistó a los antiguos griegos y quedó plasmado en República, uno de los textos de filosofía más relevantes de la historia de la humanidad. Sin embargo, más de 2.000 años después, la visión del gran pensador demostró ser demasiado ambiciosa: los filósofos están en la actualidad muy lejos de ser monarcas o de ocupar cargos ejecutivos en los gobiernos. Sin embargo, su rol en la sociedad parece ser más relevante que nunca, en tiempos de constante cambio en donde es necesaria una reflexión sobre ciertos aspectos de nuestra vida cotidiana.

De hecho, uno de los campos de reflexión que más está creciendo en los últimos años es la filosofía de la tecnología, en donde el argentino Diego Lawler —doctor en filosofía y Magister en Ciencia, Tecnología y Sociedad— viene trabajando desde hace ya varios años. “Buscamos enfocar a la tecnología, ya sea que la veamos en términos de procesos o de producto, como una práctica humana, que siempre es el resultado de transformaciones que realizan los seres humanos en el medio de acuerdo a ideas o planes de acción que podemos llamar ‘diseños’. En este sentido analizar la tecnología es analizar la condición humana”, le explica a Infotechnology.

“Si aceptamos que el mundo tecnológico es un mundo diseñado, en ese diseño están involucrados un conjunto de representaciones muy específicas e incluso un conjunto de fantasías de lo que se considera ‘la buena vida’ o de los peligros que el ser humano busca exorcizar”, puntualiza. De este modo, la actividad filosófica se enfocaría en ver problemas prácticos de las sociedades y cómo se expresan en los avances tecnológicos. Eso necesita, por un lado, teorizar acerca de la acción pero también sobre la ontología de las cosas artificiales y los obstáculos epistemológicos que pueden surgir a la hora de pensar estas cuestiones.

En ocasiones, se trata de actualizar viejos debates filosóficos a la luz  de las innovaciones modernas.

Para Lawler, el filósofo puede trabajar tanto desde un abordaje teórico o vinculado a lo académico como desde un costado práctico, actuando sobre la manera en que se piensa y se llevan adelante los avances tecnológicos. Y esta labor se puede realizar desde la Argentina. “En lo personal formo un grupo que se está tomando muy en serio a la tecnología y sus consecuencias no solo desde la filosofía, sino también desde la sociología y la antropología, y que ya tiene una tradición que es mucho más que incipiente sobre estos temas, que es valorada en el mundo”, expresa.

 

Más allá de lo banal

No siempre se trata de reflexionar sobre nuevas cuestiones, sino que en muchos casos se trata de actualizar viejos debates filosóficos a la luz de las innovaciones que alcanzan hombres y mujeres. Uno de los problemas sobre los que más se escribió en el siglo 20, por ejemplo, es el “dilema del tranvía”, un experimento mental postulado originalmente por la filósofa británica Philippa Foot. Aunque tiene varias versiones, la más común  presenta a un vehículo fuera de control que está por matar a cinco personas, que están en su camino. Pero es posible salvarlas si se acciona un botón que hará que cambie la vía, aunque esto hará que, sin remedio, atropelle a otra persona. La pregunta es, entonces, ¿debería uno intervenir y apretar el botón? Si no lo hace, será un accidente con cinco víctimas, pero si uno lo aprieta será responsable de la muerte de una persona.

El dilema fue, durante años, un ejercicio teórico que generó decenas de publicaciones y miles de discusiones en aulas y congresos alrededor del globo. Sin embargo, hoy es un problema muy real: la programación de coches autónomos necesita tener problemas para este tipo de cuestiones, ya que es un escenario posible que un vehículo sin conductor se enfrente a esta clase de encrucijadas. Y es aquí en donde un profesional de la filosofía tiene mucho que decir.

Uno de los representantes de este cruce de tradición con innovación es Luciano Floridi, un pensador italiano que se dedica a la “infoética”, la reflexión sobre las tecnologías informáticas desde el punto de vista de la filosofía práctica. Floridi visitó Buenos Aires el pasado mes de septiembre, invitado por el Ministerio de Cultura de la Nación, y no solo brindó una conferencia para sus colegas en la Sociedad Argentina de Análisis Filosófico, sino que también fue a dar una charla a la compañía Globant, en donde conceptos filosóficos complejos fueron discutidos y analizados por profesionales que posiblemente tengan que tomar la decisión de cómo implementar la tecnología. “De la mano de internet llegó la promesa de un nuevo período de esperanza y oportunidades, de conexión y empatía, de expresión y democracia. Sin embargo, eso nunca se cumplió porque hemos permitido que el medio digital crezca de forma caótica y sin cuidado, dejando de prestar atención al deterioro y contaminación de nuestra infoesfera”, aseguró Floridi. Según su visión, la web puede ser un espacio de expresión y democracia pero, hasta hora, solo ha sido usada para fines banales, como el entretenimiento, las noticias frívolas y chismes de celebridades. Su solución es, justamente, un esfuerzo colectivo en el que la reflexión filosófica tenga su lugar: “Necesitamos una infoesfera ética para salvar al mundo y a nosotros de nosotros mismos. Pero la restauración de la infoesfera requiere un esfuerzo gigantesco y ecológico, basado en la credibilidad, la transparencia y la rendición de cuentas en la red”.

Las comunicaciones y el acceso a la información son solo un aspecto de los que posibilita la tecnología. Otro ámbito muy relevante es el de la salud, ya que hoy es posible extender la vida de personas gravemente enfermas gracias a la terapia intensiva; detectar con anticipación enfermedades congénitas de fetos, para que sean editadas genéticamente y se pueden lograr fecundaciones y gestaciones en condiciones que hasta hace pocos años eran imposibles. Estos avances representan nuevas conquistas humanas pero también nuevos dilemas y desafíos, en donde una mirada filosófica también es necesaria.

La doctora en filosofía Laura Belli, por ejemplo, se dedica a pensar el ámbito de la salud no solo desde lo académico sino como miembro del comité de ética y de investigación del Hospital Argerich, uno de los más importantes del país. “Por un lado, analizamos aquellos casos en donde hay un conflicto entre el comportamiento de un profesional de la salud y su paciente o la familia de un paciente, por ejemplo, para dar nuestras recomendaciones de cómo resolverlo de la mejor manera posible. Y en el comité de investigación hacemos revisión de protocolos de investigación, esto es, analizar los aspectos éticos que se llevan adelante en el hospital en seres humanos. Esto incluye pruebas de drogas, de nuevas terapias o de instrumental que nunca antes se había usado”, explicó. “Hay un cruce muy importante en mi trabajo entre tecnologías de la salud y el uso de drogas, ya que tenemos el deber de analizar los avances que haya en ciencia y técnica. Me toca analizar los aspectos éticos de ciertas prácticas y velar porque se cumpla, por ejemplo, el consentimiento informado de los sujetos en los que se van a probar las investigaciones para buscar resultados”, puntualiza.

 

Un perfil único

El lugar que ocupa Belli en los comités no está reservado exclusivamente a filósofos pero la ley vigente obliga a que exista interdisciplinaridad en su formación, esto es, a que al menos la mitad de sus miembros no sean profesionales de la salud: “Aún hay escasa formación en temas de bioética o de ética de la salud en varias carreras, así que de algún modo se vuelve imperativo que exista un filósofo que se dedique a estos temas para poder ofrecer una opinión relevante”.

Frente a este panorama, ¿se encuentran las universidades argentinas en condiciones de preparar profesionales en filosofía para estos desafíos? Para Claudia Mársico, directora del departamento de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires e investigadora independiente del Conicet, esta diversificación es uno de los objetivos actuales de la enseñanza universitaria.

“Tradicionalmente estaba instalada la visión de que el graduado de Filosofía se orientaba mayoritariamente a la docencia o la investigación. Sin embargo, eso no da cuenta de la multiplicidad de campos de inserción efectiva de los graduados. En los últimos años se trabajó en la visibilización del arco de ocupaciones que incluyen el trabajo en medios, en editoriales, en muy diversos cargos de función pública, en gestión cultural, logística, tecnología y una variada presencia en distintos ámbitos institucionales y empresariales donde las notas específicas de la formación en filosofía suelen ser especialmente valiosas en lo que se relaciona con la capacidad de variar las perspectivas de análisis y resolver todo tipo de problemáticas innovando en la matriz de análisis”, asegura.

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Debates entre la filosofía y la técnica

Autos autónomos

Los vehículos sin pilotos humanos reviven el antiquísimo dilema del tranvía. En un escenario donde un conductor debe elegir si se arriesga a atropellar a cinco personas para esquivar una colisión segura con otra, ¿qué debería hacer?, ¿puede programarse la ética en el algoritmo de un autónomo?

 

Robots asesinos

De mano de los últimos desarrollos de IA se vislumbran la creación de robots bélicos. Las próximos conflictos armados serán guerras 2.0 automatizadas. ¿Qué significa programar para matar y quién es el responsable? ¿Pueden volverse en contra de sus creadores?

 

Sintiencia

¿Qué sucederá cuando los androides desarrollen una inteligencia digital indistinguible de la humana? La tecnología, de cara a la singularidad, pone en debate qué significa sentir, ser sujeto de derecho y tener responsabilidades. ¿Será legal, y ético, destruir a un robot que desarrolló afecto hacia su propietario?

 

El Gran Hermano

La conectividad del futuro estará hambrienta de datos. Mientras la tecnología más se involucra en la vida social y personal, más datos pueden recolectar gobiernos y empresas. ¿Quién controla el uso de los datos geográficos, sociales, biológicos y políticos de una sociedad híper conectada?

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Nota publicada en la edición 243 (diciembre/2017) de INFOTECHNOLOGY.



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