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Entreprenerds

¿Cuándo es momento de soltar y vender el emprendimiento propio?

Cómo se llega al proceso de transacción y cuál es el precio que uno paga por él. Las historias detrás de los que dieron el sí y los que optaron por el no.

Por Débora Slonitsky - 12 de Septiembre 2016
¿Cuándo es momento de soltar y vender el emprendimiento propio?

El surgimiento de los negocios en un garaje se alimenta de casos como aquel en Palo Alto, California, en donde William Hewlett y David Packard comenzaron a experimentar con equipos electrónicos, en 1938, para dar origen, años más tarde, a la firma HP. Otros íconos son los casos de empresas como Apple o Microsoft. Desde entonces, uno de los ideas instaladas es que un buen emprendimiento es solo aquel que se permite vender con creces pocos años más tarde de su creación.

Para decodificar la realidad detrás del mito, este medio consultó a varios emprendedores del ecosistema local para que comenten su experiencia. Un ejemplo es Emanuel Goldschmidt, que, en 2003 y con 27 años, fue uno de los fundadores de la empresa de publicidad Digital Dream Ad. Esta fue adquirida en 2009 por Ybrant Digital, cuando facturaba unos u$s 13 millones anuales y se destacaba por desarrollar aplicaciones para dispositivos móviles y videos multimedia.

Otro es el caso de los hermanos Alexis y Marina Caporale que fundaron Bixti.com, en 2010. Se trata de una plataforma de compra-venta de diseño, arte y artesanía para el mercado hispanohablante. La idea surgió tras observar que en la región no existía una plataforma como el site americano Etsy.com. Invirtieron u$s 30.000 provenientes de ahorros familiares. Para su sorpresa, el software factory, que desarrolló el sitio terminó ofreciéndoles comprar la firma. La razón del interés la describe Caporale (25) así: "Recorríamos ferias y comercios de diseño para mostrar nuestra propuesta. En cuanto lanzamos el website, comenzamos a sumar usuarios rápidamente".

Desde que los hermanos soñaron la plataforma hasta que estuvo online había transcurrido apenas un año. No obstante, sus creadores advierten: "Hay mucha dedicación en el proyecto, cuando el ratio de éxito de las firmas de tecnología es menor al 10%", indica Caporale.

Pablo Larguía tiene su historia para agregar. El entrepreneur de 37 años es fundador y, hoy, CEO de RedInnova, definida como "el punto de encuentro de la industria digital y tecnológica de América latina". Licenciado en Economía Empresarial por la Universidad Torcuato Di Tella y la University of Illinois, Larguía comenzó su vida profesional siendo cofundador de Bumeran, el portal de empleos y recursos humanos que hoy está presente en 12 países, cuenta con 11.6 millones de visitas por mes y 48.000 empresas clientes por año. Además, pertenece a la firma Navent, que, recientemente, adquirió los portales ZonaJobs y ZonaProp.

"En 1999, estaba por graduarme y tenía la necesidad de buscar trabajo. Hasta ese momento, los curriculum vitae se enviaban en papel, pero, con un amigo, pensamos que el CV también debía estar online. Claro que, en aquel momento, solo el 3% de la población estaba conectada. Sin embargo, gracias a un viaje a los Estados Unidos y al ambiente universitario de allá percibíque Internet sería algo tan disruptivo y transformador, que, en algún momento, sería masivo. Tras conversar sobre el tema, mi madre nos prestó una oficina y así lanzamos Bumeran", resume Larguía. "Éramos cinco amigos que nos dividimos el trabajo: uno programaba, otros visitaban empresas para que coloquen avisos de empleo, mientras que otro iba a las universidades. Para fondearnos, contamos con amigos y familiares que invirtieron u$s 50.000".

 

¿Vender o no vender?

En cuanto a las razones para vender, la más mencionada es tanto un tema personal como de escala del negocio, según los emprendedores consultados. Así, Larguía vendió su parte de Bumeran a Telefónica. "Vendí porque, con 23 años, quería hacer otras cosas. Más tarde se fueron los otros fundadores del proyecto", argumenta no sin antes desmentir el rumor que habría cobrado u$s 10 millones por sus acciones.

Por su parte, Juan Pablo Bruzzo es un ingeniero Industrial (41), que, hoy, trabaja en Moni, su tercer emprendimiento IT. Se trata de una plataforma online surgida en 2012, que ofrece un servicio de adelantos de dinero. Antes, fue uno de los primeros empleados del marketplace DeRemate.com y co fundador del servicio de pagos online DineroMail, en 2005. "Para este, copiamos el modelo de negocio de PayPal para aplicarlo en América latina porque nos dimos cuenta que un servicio así iba a ser fundamental para cualquier empresa de e-commerce. En 2011, se lo vendimos al grupo sudafricano Naspers porque nos pareció que era una gran oportunidad", recuerda el emprendedor. Desde Naspers, comentan sus razones para comprar: "DineroMail (Nota de. Red., hoy PayU) tenía una trayectoria y conocimiento en el mercado, que hubiera tomado mucho tiempo ganar. Además, cuenta con funcionalidades fundamentales para las necesidades del mercado argentino, que hubiera tomado mucho más tiempo desarrollar desde cero", cuenta Javier Buitrago, Country Manager de PayU Latam en Argentina.

 

El siguiente paso

Caporale comenta que, su caso se generó en 2012, cuando recibió una propuesta de Elo7, una plataforma brasileña similar a Bixti. com. Hoy, el argentino es el responsable de la operación de esta marca en América latina excepto Brasil. "Mi objetivo era que mi emprendimiento fuera líder en toda la región, y entendí que para crecer tenía que vender", indica. Elo7 está disponible en varios países y cuenta con unas 15 millones de visitas por mes, como la competencia dentro de su nicho no tiene ni el 5% del volumen de negocio de Elo7, sus competidores directos son MercadoLibre y OLX. "Los brasileños hicieron bien en adquirirnos por nuestro conocimiento sobre el mercado artesanal en general y de los artesanos en particular".

En cuanto a los motivos de una venta, Buitrago coincide: "Es un proceso normal, que se repite con muchísimas empresas tecnológicas a nivel global. Sucedió con WhatsApp e Instagram, que fueron adquiridas por Facebook. Esto se debe a que a partir de cierto nivel de desarrollo, se requiere jugar globalmente y, ahí, se vuelve crítico que un emprendimiento cuente con el apoyo de un grupo empresario importante".

Todos los entrevistados coincidieron en que lograron encontrar el momento justo para vender sus empresas para alimentar su ADN entrepreneur: "Soy un emprendedor al que le gusta más la etapa de gestar nueva ideas que el proceso de gestionarla. Pero, en todos los casos, fundé firmas por la ilusión. Nunca comienzo un proyecto pensando en venderlo, porque no tengo mentalidad financiera, sino de crear valor y de hacer algo que me divierta", describe Larguía. Goldschmidt coincide: "Cuando el emprendimiento crece demasiado, las responsabilidades cambian y el negocio también y, a mí, lo que más me gusta es iniciar un negocio desde cero", cuenta. Resalta que la venta de Dream Ad le permitió volver a emprender de cero en lo que le gusta. Su nuevo start-up se llama VidClub, y produce contenido audiovisual y educativo para niños de entre 1 y 5 años de edad. Hasta el momento, su canal de Toobys en español en YouTube acumula más de 17 millones de reproducciones y más de 34 millones de minutos vistos, lo que equivale a más de 65 años de visualizaciones. VidClub se lanzó al mercado con una inversión de uSs 100.000 y tiene previsto facturar en 2015 su primer millón de pesos.

 

¿Y ahora, qué?

Larguía trabaja en RedInnova desde 2008 y no piensa en venderla. Por el contrario, tiene en mente expandir sus áreas de negocio e intensificar su relación con start-ups de toda la región. "Llevo creada tres empresas en 15 años. Pero intento tomarme todo con calma y hacer lo que me gusta". En tanto, Caporale tiene puesta la camiseta de Elo7, aunque despunta su pasión por el emprendedorismo, impartiendo el curso abierto al público en general EmprendING, en la UBA.

Por su parte, Bruzzo está concentrado en hacer crecer a Moni, para la cual los socios invirtieron u$s 50.000 en lanzar la plataforma y otro tanto para prestar efectivo a los usuarios. De todos modos, no descarta venderla en el futuro.

Los casos presentados evidencian que correr el riesgo que es emprender algo desconocido, incluso en un mercado como el local, conlleva una impacto particular: convertirse en una ‘adicción’.



Publicado originalmente en el suplemento IT Business de El Cronista Comercial.

 



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