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Conoce cómo piensa el dueño de la primera empresa argentina de nanosatélites

Emiliano Kargieman Es la cabeza detrás de Satellogic, la empresa de satélites nacional que triunfa en el mundo y que espera facturar US$ 20 millones en un año de validación del trabajo realizado. Trabajo autónomo, severidad con las ideas y un ADN disruptivo, las claves de innovación de quienes trabajan para democratizar el acceso al espacio.

Por Martina Rua - 01 de Noviembre 2016
satellogic

En las oficinas de Satellogic en el barrio de Belgrano no se habla de innovación. Tampoco en la planta de Uruguay donde montan los satélites o en su software factory en Israel. Ni en las oficinas de desarrollo de negocios en Palo Alto o las comerciales de Colombia o Canadá. “No es una palabra que yo ni nadie del equipo utilice. Estamos haciendo algo tan radical que no hay una idea de ‘innovemos’”, explica el argentino Emiliano Kargieman, el fundador y CEO de Satellogic, la empresa con la que busca llenar el espacio de nanosatélites a un costo mil veces menor que el que utilizan hoy agencias espaciales para obtener información de la tierra en tiempo real.

Como hitos innovadores, sin embargo, hay muchos. Uno, de hecho, es muy reciente. La madrugada del 30 de mayo de este año, Satellogic puso en órbita los dos primeros nanosatélites aptos para ofrecer servicios comerciales. Sus nombres —Fresco y Batata— y su potencial disruptivo los pusieron en boca de todos. A estos les habían precedido otros tres —Capitán Beto, Manolito y Tita, lanzados en 2013 y 2014—, usados como experiencias de prueba de la tecnología producida ad hoc por ellos. Pero fue con Fresco y Batata que lograron cierta madurez. Luego de este último lanzamiento, Kargieman fue convocado por el gobierno para un encuentro con el presidente Mauricio Macri donde no faltaron halagos hacia la hazaña espacial. El diario Financial Times lo nombró en su edición del 20 de septiembre como uno de los seis argentinos que están cambiando cómo el mundo mira a nuestro país.

 

Más que un unicornio

Aunque está de moda hablar de unicornios —especialmente después del cierre del último Foro de Inversiones en Buenos Aires que cerraron Globant, OLX, MercadoLibre y Despegar, las únicas argentinas que alcanzaron una valuación por encima de los US$ 1.000 millones—, Kargieman es crítico. “Lo de los unicornios es medio una ridiculez. No me parece una métrica relevante para las valuaciones de las compañías. Avanzar con eso en mente, sólo con la idea de hacer miles de millones, te puede llevar a avanzar mal. No nos interesa inflar la empresa antes de tiempo. Nos interesa medir cuánto valor podemos aportar; desarrollar productos que nos hagan liderar tecnológicamente la industria en la que estamos. Lo otro es para los analistas.”

Leer más: El emprendimiento espacial de Elon Musk sufrió un explosivo revés

Desarrollar la tecnología en paralelo con el negocio parece ser la clave. Los componentes técnicos de los nanosatélites permiten conocer un amplio abanico de información. Transportan tres cámaras: una multiespectral, otra hiperespectral y otra térmica. La multiespectral toma imágenes en rojo, verde, azul e infrarrojo y es especialmente útil para aplicaciones en agricultura, porque permite conocer distintos parámetros biofísicos de los cultivos. La hiperespectral saca fotos en 600 bandas y ofrece información sobre composición química de los vertidos de una fábrica, variedades específicas de ciertos cultivos o absorción de clorofila. La cámara térmica obtiene imágenes en el infrarrojo. “Con esta incluso podemos detectar variaciones de centésimas de grado, saber la humedad de los suelos, cuánto petróleo hay en un barco o determinar la eficiencia energética de un edificio. Son datos que sirven para tomar decisiones de distinto tipo”, describe. En un solo cohete se pueden llegar a lanzar hasta 80 nanosatélites a la vez, claro que con un riesgo asociado que hay que tener en cuenta. Ejemplos, como el reciente episodio con Mark Zuckerberg que aún está lamentando la pérdida de su satélite de US$ 200 millones que explotó en el lanzamiento fallido del cohete de SpaceX, la firma de Elon Musk, demuestran la complejidad de la industria. Hoy, el negocio de Satellogic tiene dos caras: seguir con la construcción de los satélites a un costo bajo introduciendo mejoras incrementales en cada lanzamiento y, en paralelo, desarrollar la plataforma de aplicaciones que les permita a los futuros clientes sacar toda la información posible de la multiplicidad de imágenes y parámetros que ya se empezaron a medir con los primeros satélites.

 

ADN innovador

Emiliano es un fanático de la tecnología desde sus primeros años de vida. No había terminado la escuela secundaria cuando armó su primera solución de software y a los19 años fundó Core Security, una empresa de seguridad informática que hoy es una multinacional reconocida del sector. Matemático de la UBA, pasó algunos años como inversor de proyectos tecnológicos hasta que quiso dedicarse a uno propio con potencial para impactar en la vida de las personas. Viajó a Singularity University, la universidad en Silicon Valley por donde pasaron buena parte de los emprendedores del país, y volvió con el bosquejo de sus satélites formando una constelación en el espacio. “Democratizar la tecnología espacial y ponerla al alcance de pequeñas empresas, laboratorios, estudiantes y amateurs” fue el deseo que lo llevó a crear Satellogic.

“Lo de los unicornios es medio una ridiculez. No me parece una métrica relevante para las valuaciones de las compañías. Avanzar con eso en mente, sólo con la idea de hacer miles de millones, te puede llevar a avanzar mal. No nos interesa inflar la empresa antes de tiempo. Nos interesa medir cuánto valor podemos aportar; desarrollar productos que nos hagan liderar tecnológicamente la industria en la que estamos. Lo otro es para los analistas.”

Manejar tan ambicioso objetivo no es simple. Entre las claves de gestión de una empresa disruptiva está la libertad en la forma de trabajo. “Buscamos personas con autonomía de funcionamiento, es una de las características principales para nosotros. Sabemos que estamos haciendo algo infinitamente mejor de lo que existe, no nos queda más remedio que inventar una manera nueva de hacerlo.” El equipo de Kargieman, integrado por 70 personas, está dividido por departamentos en los que la manera de innovar se ciñe a los objetivos específicos de cada sector. “En investigación y desarrollo es donde más podemos volar e intentar cosas nuevas para los satélites. Es un ambiente de experimentación. Muchas cosas se filtran antes de que lleguen a prototipo, vamos probando y descartando. Matamos un montón de ideas por computadora y las más promisorias las prototipamos”, dice. En la fábrica de Uruguay se centran en las mejoras continuas en el ensamblado y funcionalidades de los satélites. “Acá no es tanto la creatividad, pero sí cierta flexibilidad para seguir pensando cómo mejorar la fabricación en serie y en los procesos y usos de las maquinarias.”

Para Kargieman la clave que rige el cambio es no enamorarse demasiado de las ideas. “Aparecen muchas trabas cuando la gente ama demás sus propias ideas. Las organizaciones más tradicionales favorecen eso, el hecho de reconocer al dueño de la idea termina generando una especie de relación con ellas que es contraria a la innovación.”

Leer más: Fresco y Batata son los primeros nanosatélistes nacionales en órbita

¿Cómo se combate eso? “Tratando de tener una relación más fluida con las cosas, midiendo en función de las resultados correctos, impulsando una cultura que te permita descartar cosas, porque hay cosas que tienen mucha ‘grasa’ que hay que descartar. También poniendo objetivos súper claros, que te empujen a pensar de manera innovadora. Y crear cosas más ‘soft’ alrededor de eso: autonomía, libertad y espacio de error”, señala.

En desarrollo de software, y aunque conocen y comulgan con muchas ideas del desarrollo Agile, tienen sus propias reglas . “No seguimos ningún manifiesto literal, pero claro que vas a ver mucho de Lean Startup en cómo vamos probando conceptos con la idea de mínimo producto viable. No nos vas a encontrar haciendo las standing meetings, pero prestamos atención a buenas prácticas.” En el desarrollo del hardware de los satélites hay mucha producción propia, teniendo en cuenta que la mayoría de los componentes son de electrónica de uso doméstico.

 

Cielo despejado

Con cuatro meses de “trabajo espacial” de Fresco y Batata y con pruebas medibles del potencial de desarrollo de negocios, Satellogic busca ahora terminar el 2016 con contratos con clientes que ya manifestaron su interés en varias decenas de países. Principalmente en industrias de petróleo y agricultura. “Tenemos que hacer foco y empezamos por ahí, pero hay mucho potencial para el desarrollo de ciudades, minería, seguros, pesca o incluso en control de fronteras”, describe. Y aunque comienzan a aparecer empresas competidoras, Kargieman confía en haber picado en punta con satélites de alta resolución y con un margen 100 veces mejor en eficiencia y costos que los existentes. El mes próximo lanzarán otro satélite, “Membrillo”, y dos más en marzo próximo mientras evalúa otras 19 posibilidades de lanzamientos para ese año. Vale un dato de color: en marzo de 2017 los seis nanosatélites argentinos en órbita conformarán la constelación Aleph, en honor al cuento de Borges.

En una entrevista que le dio el año pasado al diario El País de Uruguay, Kargieman afirmó que en este 2016 esperan cerrar el año con US$ 20 millones de facturación, “relativamente poco, pero será un año de validación comercial: estamos armando una empresa que tiene que facturar miles de millones de dólares al año.”

Rutinas de productividad

Para Emiliano Kargieman no existe separar la vida profesional de la personal. “Nunca fui bueno con eso, porque creo que todo está bastante entrelazado”, dice. Sin embargo tiene identificadas rutinas que impactan en su rol como líder y en sus temas personales. Por ejemplo, tiene un calendario de ejercicio de 7x7; es decir que intenta lograr una hora de ejercicio todos los días de la semana, aunque sea el día de lanzamiento. Sabe que eso “refresca la cabeza”. Encuentra en viajar una fuente inagotable de inspiración, ideas y miradas alternativas. “Si estamos desarrollando tecnología para ayudar a resolver problemas del futuro, es  necesario ir a los lugares donde se puede necesitar”, dice. También ve de gran utilidad estar expuesto a las últimas innovaciones de otras industrias. “Cómo se evoluciona en biología, materiales o computación termina teniendo peso en lo que hacemos.” Y lee literatura y ficción todos los días, aunque sea un rato. “Los audio books son algo bueno porque te permiten hacer dos cosas al mismo tiempo, algo que siempre buscamos, cómo hacer rendir más el tiempo.



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6 Comentarios

Sebas Lajes Reportar Responder

para todo lo que es nasa y espacio exterior los invito a ver los videos de Iru Landucci.

Maxi.Monti Maxi Reportar Responder

Esto ciudadanos necesitamos,no delias,maximos,esteches,moyanos,bonafinis,kicilofes,kristinas,mazasos,y demas especimenes parasitos

Carlos José Vaccaro Reportar

Como díria SUSANA: ¡ COORRRECTOOOOOOO!!!!

J.O. Nordeno Reportar Responder

Hace años que están con esta perorata ... además, ni bien pudo este ¨argentino modelo¨ se llevó la fábrica a Ururguay y hace el software en Israel

Juan Bautista Monet Reportar

Y que queres si aca no se podian comprar componentes electronicos?? Se fueron a Uruguay para poder seguir con la empresa.

Negro Yana Reportar Responder

Con 100 ciudadanos más como Emiliano y 20.000.000 de peronistas menos, tendríamos el mejor país del mundo.

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