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Cómo emprender antes de los 21 y no morir en el intento

Algunos arrancan en Silicon Valley, otros en la IT local. Todos comparten una particularidad: se iniciaron antes de los 21 años. Cómo se crea un negocio, antes de llegar al cuarto de siglo de edad. Cinco historias de aniversario que recuerdan cuál es el principal activo para emprender.

Por Sebastián De Toma - 01 de Junio 2017
Cómo emprender antes de los 21 y no morir en el intento

La vida de emprendedor está llena de sorpresas. Gratas, complicadas, llamativas, difíciles. Una es la que Matías vivió en los últimos meses, alojado en el yate de uno de los entrepreneurs seriales argentino más conocidos en Europa. Tras vender su empresa a una firma europea, recorre el mundo mientras cranea su próximo proyecto.

Santiago, por su parte, vive en Silicon Valley desde hace cuatro meses, y busca inversores y clientes de alto perfil que le permitan escalar su startup. Joel, en tanto, es probablemente el más conocido de todos, ya que comenzó su andadura antes de que explotaran tanto la burbuja puntocom como la Argentina en 2001. Hoy, es dueño de una empresa latinoamericana de servidores a la vez que se dedica a los negocios agropecuarios.

Mientras, Ianir recorre los barrios del DF mexicano con su nuevo proyecto: una App para innovar algo tan cotidiano como las peluquerías. Nicolás, finalmente, es un graduado universitario que combina su pasión por lo nuevo con lo que empezó como un hobby: ser DJ.

Diferentes pero similares, a todos los une un denominador común: comenzaron sus emprendimientos antes de pasarla barrera de los 21 años(o justo cuando la alcanzaron).

Si bien la edad—hasta 2009 el umbral hacia la mayoría de edad— representa un Rubicón aún significativo para la vida de muchos, para estos emprendedores no lo fue. Las experiencias que relatan, en primera persona, a continuación, muestran como la pasión y los sueños pueden ir a cualquier edad de la mano del trabajo duro y la tenacidad para impulsar un startup que hoy factura millones.

 

Del colegio al yate, con escalas

No hace mucho, el 23 de febrero, el entrepreneur e inversor ángel David S. Rose escribió en la plataforma de preguntas y respuestas Quora sobre los motivos para no tirarse a la pileta y convertirse en emprendedor. Dijo que el 90 por ciento de este tipo de iniciativas fracasan, que hay que trabajar 12 horas por día sin fines de semana o vacaciones, pero, sin embargo, al final de su diatriba admitió lo que cualquiera podría sospechar: los emprendedores saben todo esto pero no les importa.“Tienen una compulsión casi psiquiátrica de fundar empresas y no les importa el riesgo, la inseguridad y el estrés. Eso es lo que hacen los verdaderos emprendedores. ¿Vos sos uno de ellos?”, lanzó al aire.

Esa compulsión es la que motivó, y sigue motivando, a estos jóvenes que quieren encontrar el mix correcto entre tecnología y negocios para convertirse en el próximo unicornio argentino. Como Matías Nisenson, que ahora tiene 24 años y en estos días regresó a la Argentina después de vivir cuatro meses en los Estados Unidos. Para comprender cómo llegó allí, conviene retroceder ocho años. Fue en ese momento cuando comenzaron, junto a su amigo y socio, Luciano Bertenasco,  una software factory a la que llamaron South Logics. Sí, cuando tenían 16 años. Allí aprendieron el negocio, a manejar personal y a lidiar con ejecutivos apoltronados en tecnologías obsoletas. “Estaba buenísimo pero no era controlable: a una persona de 40 años no le gusta que le pague el sueldo una de 16”, sostiene Nisenson. “Salíamos de la secundaria e íbamos a una oficina prestada donde estaba la gente trabajando”, amplía.

Cuando estaban por pegar el salto de crecimiento (ya facturaban US$ 300.000), a pesar de conseguir un contrato con la empresa telco mexicana Telcel para desarrollar una App, decidieron cerrar South Logics. “Teníamos que meter 10 personas en el equipo y nos dimos cuenta de que ese no era el camino porque trabajábamos con las tecnologías obsoletas que usaban las empresas”, dice. Luego, en 2014, llegó el momento de Tiempy, una plataforma dedicada a programar publicaciones automáticas (similar a Hootsuite o Buffer). Con ella levantaron US$ 150.000 de inversores, ganaron en Startup Chile y comenzaron a traccionar usuarios, hasta que—en 2016—los contactó una empresa europea con la que están finalizando el proceso de venta.“No nos compraron por la facturación, que para ellos son cosquillas, sino porque vieron que hicimos lo mismo que ellos con menos plata y más tecnología”, puntualiza.

Una fija es que el equipo de desarrollo estará
en la Argentina. “El talento es increíble
y los costos funcionan”, comenta Matías Nisenson.
“Pero yo voy a estar en los Estados Unidos,
porque quiero que el proyecto, esta vez,
cobré una escala realmente interesante.”

Durante este último tiempo, Nisenson estuvo viviendo entre la casa y el barco que el argentino Martín Varsavsky (fundador de empresas como Jazztel, Einstein.net o FON) tiene en South Beach, Miami. En palabras del joven entrepreneur: “Martín siguió siempre mi recorrido y cuando vendí la empresa volvimos a hablar. Yo estaba en Uruguay con mi novia. Me dijo: ‘El lunes en casa’. Era viernes, así que al otro día viajé, con un pasaje para tres días”. Esos pocos días se convirtieron en cuatro meses porque Varsavsky le ofreció a Nisenson ser su analista de inversiones. “Por tres o cuatro meses—cuenta que le dijo—, porque más no vas a aguantar”. Durante su estadía en los Estados Unidos, visitó empresas dedicadas al cuidado de la salud para ver cómo usan la tecnología y, claro, encontrar allí oportunidades de negocio. También se encontró con varios de los primeros empleados de Facebook y el CEO del gigante alemán Axel Springer.

De vuelta en la Argentina, Nisenson recuerda lo que le dijo Varsavsky, antes de emprender el regreso: “Cuando empieces una empresa nueva, contáctame”. Eso va a hacer: junto a su socio, está en el proceso de definir de qué se tratará su nuevo emprendimiento. Una fija es que el equipo de desarrollo estará en la Argentina. “El talento es increíble y los costos funcionan”, comenta.“Pero yo voy a estar en los Estados Unidos, porque quiero que el proyecto, esta vez, cobré una escala realmente interesante.” Motivos para estar confiado no le faltan.

 

Conquistar Silicon Valley

Antes de los 13 años, mientras veraneaba, el protagonista de esta parte de la historia decidió vender licuados. Lo dejó de hacer cuando el concesionario del balneario le pidió a la madre que no se lo permitiera porque vendía más que él. Esa es la prehistoria de Santiago Bibiloni, egresado de la carrera de Comunicación de la Universidad Austral, que hoy tiene 28 años, tres emprendimientos detrás y vive en Silicon Valley. “Mi primer emprendimiento en serio se dio mientras estaba estudiando. El profesor nos pidió a cada uno que armáramos un sitio en WordPress y que ahí subiéramos nuestras notas. Cuando terminó la materia, me di cuenta de que lo que subía tenía llegada, así que le pregunté al docente si podía seguir usando ese sitio: le cambié de nombre, lo llamé ‘No tenemos techo’ y le fue realmente muy bien”, relata Bibiloni. Se trataba de un magazine online que llegó a tener 30.000 visitas únicas por mes y hasta comercializaba publicidad.

El paso siguiente fue BallonGroup, una compañía que creó junto a dos socios (José Gettas y Martín Minces) y que se dedica al desarrollo web y el marketing digital para startups. “Hace cinco años me di cuenta de que había emprendedores que recibían fondos de aceleradoras como Wayra o NXTP pero que no podían hacer marketing digital, y para eso nació Ballon”, dice Bibiloni. La empresa facturó el año pasado cerca de US$ 1 millón y el arranque de 2017 ha sido aún mejor: a finales de abril estaban por alcanzar esa cifra.

Cor es el nombre del tercer proyecto, una plataforma de software como servicio (SaaS) dedicada a la gestión de proyectos que apunta a agencias de publicidad, de marketing, estudios de diseño y profesionales que brindan servicios, como abogados y contadores. “El software te permite ver las tareas que tu equipo ejecuta y, además, la rentabilidad que genera. Todo, en tiempo real”, explica el emprendedor. Este emprendimiento arrancó en 2015 como un proyecto dentro de Ballon. Hoy, y desde hace poco más de un mes, tienen el producto terminado y ya comenzaron a facturar.

“Nació para solucionar un problema que teníamos en Ballon. Necesitábamos dejar de utilizar Excel, pero no había una herramienta para una empresa como la nuestra”, desarrolla Bibiloni. Cor recibió fondos por $ 3 millones, de inversores como Marcos Galperín y Singularity University, por citar a dos. Ahora, están concentrados en la próxima etapa: hacerse un lugar en Silicon Valley. Para lograrlo es que Bibiloni se estableció allí hace cuatro meses.“Vinimos para conseguir clientes, talento e inversión. En dos meses, estaremos saliendo a buscar una nueva ronda de inversión”, puntualiza. “El ticket que podemos conseguir acá es mucho más grande porque el poder adquisitivo es mayor. Hay casi 800.000 empresas del nicho al que apuntamos y con ganar 1 por ciento de ese mercado estamos hablando de US$ 100 millones al año.” La apuesta está hecha, el desafío ahora es ganarle a la casa.

 

Oportuncrisis

El incentivo de los padres no es moco de pavo. Para confirmarlo, basta con conocerla historia de Joel Chornik: cuando se mudaron de Esquel a la Ciudad de Buenos Aires, apenas él cumplió tres años, el padre cambió un bote con motor fuera de borda que no podría usar más por una computadora.“Ya desde chiquito tenía una 286 a mano. Mi viejo me enseñó a programar en Clipper y en Basic, lenguajes que nunca usé”, recuerda quien, con 16 años, creo Elserver. Todo comenzó en 1998, cuando el padre le acercó su primer cliente, un amigo suyo que quería tener una página web. Chornik no sabía nada de programación, pero la promesa de pago lo hizo tirarse de cabeza a algunos libros de programación que consiguió. “Después de hacer el sitio, surgió el tema de que había que alojarlo. Contratamos un servicio de reventa a una empresa estadounidense con la tarjeta de crédito de mi papá que nos salió US$ 100 y nos permitía vender hasta cinco espacios, que cobrábamos $ 35: conseguimos además a un tío y a un primo, devolvimos los 100 y con los cinco restantes arrancamos Elserver”.

También hubo errores. Una unidad de publicidad
online que armaron dentro de Elserver fracasó
estrepitosamente. En palabras deJoel Chornik:
“Seguimos la idea de eso de ‘si agarramos el 1 por ciento
del mercado ya está’. Mucho realismo mágico".

Durante los primeros años, con su amigo de la infancia, mezclaban la doble escolaridad con una empresa que les requería una atención 24x7. El salto llegó cuando la economía argentina se fue por los caños en diciembre de 2001: un poco antes habían comprado servidores. “En realidad, eran computadoras con onda”, remarca Chornik y se ríe. Eso los dejó bien parados en lo que a calidad técnica se refiere. Postdevaluación bajaron los precios y aquellos clientes que pagaban servidores afuera, en dólares, se volcaron a las compañías nacionales. “En tres meses, pasamos de tener 150 clientes a 1000”, recuerda. También hubo errores. Una unidad de publicidad online que armaron dentro de Elserver fracasó estrepitosamente. En sus palabras: “Seguimos la idea de eso de ‘si agarramos el 1 por ciento del mercado ya está’. Mucho realismo mágico. Estuvimos un año pagándole el sueldo a ocho personas sólo para quebrar esa unidad de negocios que nació del optimismo y la falsa confianza que uno tiene”.

Contra todo pronóstico, Elserver se convirtió en Latincloud, un clúster regional que nació de la fusión de varias empresas que brindan servicios de hosting. Chornik, por su parte, hoy es padre (N.d.R.: mientras charla con INFOTECHNOLOGY, se ocupa de Kala, su primera hija, que en estos días cumple un mes), es una de las cabezas de Latincloud (facturación 2016: $ 40 millones) y también se ocupa de sus negocios agropecuarios en Chaco y la Patagonia.“En los dos entornos—Latincloud y los agronegocios—se necesita armar un buen equipo, pero son dos negocios totalmente diferentes, uno es de servicios IT y el otro de agro”, apunta. Además, colabora en organizaciones que incentivan a las startups y a los emprendedores. La razón: “Hubiera estado buenísimo tenerlos cuando yo empecé”, resume.

 

Recién llegados

Ianir Sonis arrancó a trabajar con ReservaTurno en 2013, cuando tenía 21 años, junto a su socia Mijal Yelin. La idea surgió como una solución para un problema que tenía Yelin: no podía reservar turnos en peluquerías sin llamar por teléfono. Un estudio de mercado a fondo demostró que era parte de un mercado global que facturaba US$ 12 billones, con un ticket promedio de US$ 30—superior al de gastronomía—pero con alto atraso tecnológico. Entonces, mientras él trabajaba como pasante en Google y estudiaba Administración de Sistemas (ITBA), desarrollaron una primera versión de la App que lanzaron en 2014 con tres o cuatro peluquerías amigas. “Tuvo una alta aceptación porque les damos a las peluquerías un canal disponible en cualquier hora y lugar”, sostiene Sonis.

“No fue una decisión consciente dejar
una  incipiente carrera en Google
y un salario fijo, pedir prestado a Friends & Family
—entre US$ 70.000 y US$ 90.000—,
y largarme. Uno es un poco inconsciente",
desarrolla Ianir Sonis.

Lo que comenzó durante una cena familiar, luego de ser acelerados primero por NXTP y, después, por 500 Startups, hoy llegó hasta el DF. “Estábamos en la disyuntiva de México o Colombia, pero lo de 500 lo decidió. Hoy, tenemos cinco personas del equipo en Buenos Aires y estamos abriendo México con dos más”, comenta el creador de una aplicación que ya trabaja con 302 peluquerías y lleva transaccionados más de 300.000 turnos por un valor de US$ 3,2 millones. Por todo esto, y con un crecimiento que esperan que continúe firme, esperan cerrar 2017 con una facturación de entre $ 1,7 y $ 2,1millones. “No fue una decisión consciente dejar una incipiente carrera en Google y un salario fijo, pedir prestado a Friends & Family —entre US$ 70.000 y US$ 90.000—, y largarme. Uno es un poco inconsciente, pero de joven es el momento para hacerlo: vivía con mis papás, no tenía responsabilidades”, desarrolla Sonis.

Por el otro lado, está Nicolás Donzis. A los 21 años (en 2015), su hobby era ser DJ, y lo llamaron—junto a Diego Cazap—de la marca de relojes Swatch para hacer una campaña en vivo en una tienda. Los vendedores, finalizada la intervención, les pidieron que les dejaran música para todos los días. Ahí vieron que muchos locales comerciales no tenían una identidad musical. “Como no podíamos estar en varios lugares a la vez, buscamos una alternativa tecnológica”, menciona Donzis. Desarrollaron Pimix, una plataforma orientada al marketing sensorial que busca reemplazar de alguna manera el viejo hilo musical. Para ello, dispone de métricas en tiempo real que permiten saber qué canciones estaban escuchando sus clientes en el momento del día de mayores ventas.

“Es difícil darle legitimidad al proyecto cuando
tenés 21 años y te encontras con posibles
clientes.” –Nicolás Donzis

Uno de los pluses que tiene Pimix a la hora de ser presentado a sus potenciales clientes es el propio socio de Donzis. Sucede que Cazap es un DJ profesional (residente en DJ Buenos Aires) que le da la legitimidad al emprendimiento y les permite superarla barrera de la edad. “Es una de las dificultades de emprender jóvenes”, comenta el graduado en Administración de Sistemas del ITBA. Con un servicio personalizado, la idea detrás de la plataforma es darle a cada cliente una identidad sonora, un branding musical. Para lograrlo, invirtieron dinero propio y el de familia y amigos (por un monto que Donzis prefiere no especificar).

Ahora, con Pimix funcionando, el próximo paso es consolidarse localmente y, luego, comenzar la comercialización dentro de la región. “Estamos creciendo a un 30 por ciento orgánico en cantidad de locales que nos contratan y esperamos tener una facturación de $ 1 millón para enero de 2018”, puntualiza el emprendedor que menciona a los retailers Stone y Garçon García entre sus clientes.

 

Marcas y huellas

Cuando alguien emprende de tan joven, hay pros y contras a tener en cuenta: recuperarse de un error puede ser más fácil pero la falta de experiencia en ocasiones puede jugar en contra. Los entrepreneurs entrevistados por INFOTECHNOLOGY—algunos con la reflexividad que dan los años, otros todavía en el medio de la tormenta—realizan algunas recomendaciones para quienes sienten las ganas de armar su propio negocio desde chicos o se encuentran con una oportunidad que no pueden dejar pasar de largo.

“Me guío por una frase de
Marcos Galperín, ‘pensar
en grande, tomar riesgos
y ser perseverantes’,
o sea, sacarse las balas
y seguir caminando”
–Santiago Bibiloni

“Nunca hay que tener un socio que debería ser un empleado”, sentencia Chornik.“A veces, uno, por evitar discutir, arma una sociedad con alguien que estuvo desde el día cero y cuando las papas empiezan a quemar, se da cuenta de que esa persona no está dispuesta a poner su tiempo personal en pos del emprendimiento,” añade. Eso lleva a que proyectos prometedores queden por la mitad.“Hay que tenerlas discusiones al principio, sea sobre cómo dividirlas utilidades, si es más importante obtener ganancias pronto o reinvertir para crecer. No hay que patearlos problemas hacia adelante,” aconseja. Bibiloni, en tanto, reconoce la lección que él aprendió en ese sentido: “Me guío por una frase de Marcos Galperín, ‘pensar en grande, tomar riesgos y ser perseverantes’, o sea, sacarse las balas y seguir caminando”. Con Ballon Group, afirma, él había alcanzado la cresta de la ola, pero decidió emprender enCor porque, a pesar de ser un gran riesgo, le ve un enorme potencial de escalabilidad.

El CEO de ReservaTurno, por su parte, refuerza el mensaje de la perseverancia, tanto para perseguir a un posible inversor como para ir “una semana a una peluquería para entender cómo trabajan, cuáles son sus desafíos y cómo plasmar todo eso en mi producto”. Otro consejo que da es “medir todo, desde el comienzo” para saber cómo rinde la inversión y poder estirarla lo máximo posible. “Ese ‘queremos todo y lo queremos ya’ tan Millenial hay que aprovecharlo para conseguir el éxito. Hay dos caminos, el éxito y el aprendizaje, el fracaso no existe, y menos cuando sos joven.” Sucede, argumenta, que “no hay un camino, no existe la carrera del emprendedor, sino que depende de los desafíos que vas enfrentando: así, pasás de armarla estrategia de marketing a cruzarte al super de enfrente a comprar el café para toda la oficina”. En los últimos dos años—argumenta—, aprendió sobre la marcha pero también se formó gracias a su carrera universitaria, para, hoy, ser capaz de manejar todos los aspectos de la empresa junto a su socia, desde lo legal hasta lo financiero.“Nadie te lleva de la mano como en una empresa, acá vas y lo haces vos”, remarca.

Donzis coincide en lo que a formación se refiere. “La universidad me dio herramientas que al principio no tenía y que me permiten llevar el negocio de otra forma”, dice. Para Nisenson, sin embargo, la educación no es necesariamente importante aunque reconoce que “no todos tienen la confianza o el apoyo de los padres para soslayarla”. En este sentido, comenta, el apoyo de la familia es fundamental. “Durante mi viaje, tuve que encontrarme con ejecutivos salidos de Harvard y de Stanford. Pensé que me iban a dar vuelta, pero no fue así, porque no hay con que darle a la experiencia”, concluye.


Nota publicada en la edición 236 (mayo/2017) de Infotechnology.



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