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La serie del año es un dibujito: cuál es el negocio detrás de su éxito

En poco tiempo, “Rick and Morty” se convirtió en la serie fetiche de adictos a la ciencia ficción y a la comedia ácida. Los guiños al existencialismo son solo parte de la gracia: detrás se esconden teorías científicas sobre este universo… y otros.

Por PABLO LABARTA - 22 de Diciembre 2017
La serie del año es un dibujito: cuál es el negocio detrás de su éxito

Hace tiempo que las series animadas dejaron de ser exclusivamente para los más chicos. Precursores hay a montones: programas como “Los Simpsons” y “Padre de familia” apuntan, con cierto humor ácido y su alusión a temas complejos —de política o sexo— a un público adulto. Lejos de infantilizarlos, los dibujos animados son solo un recurso para contar historias que no podrían existir de otra manera: una nave espacial en el espacio sería costosa de producir pero se resuelve fácilmente poniendo lápiz y papel.

A ese mundo llegó “Rick and Morty”, una amalgama de dos géneros clásicos: las sitcoms —o comedias de situación —y la ciencia ficción. Con un guiño al clásico “Volver al futuro” — acá también la dupla es la de joven experimentado/científico loco— la serie se vale de un portal interdimensional para mover la trama. Es que Rick Sánchez, además de abuelo y septuagenario, el científico más brillante del universo, inventa una pistola que permite abrir agujeros entre dimensiones, una estrategia para cometer fechorías. Lo acompaña su nieto, Morty Smith, aunque a regañadientes.

En papeles, la serie —creada por Dan Harmon y Justin Roiland, que también la escriben y producen— podría ser un producto más; una serie de las que pululan en canales del cable (la pasa, en los Estados Unidos, Adult Swim, la marca para adultos de Cartoon Network, y en la Argentina se puede ver por I-Sat y Netflix). Pero su profunda carga existencial, sus improvisaciones fuera de guión y sus volantazos argumentativos basados en lo que teoriza la física sobre el espacio la separan del resto. Tanto es así, que su tercera  temporada llegó a acumular una audiencia de 11 millones de personas por episodio, un récord para el canal que hace dinero vendiendo publicidad en la codiciada franja de 18-34 años. Es, de hecho, el programa más visto entre los Millennials, que llegaron a pagar US$ 14.700 por una edición limitada de la salsa fetiche del programa lanzada por McDonald’s el mes pasado.

Harmon y Roiland se aseguraron así una renovación para la cuarta temporada. Tiene sentido: además de ser los creadores de la idea, son quienes más aportan a su realización. Una pareja de opuestos, Harmon es sumamente metódico, al punto de haber creado su propia técnica de storytelling llamada “Story Cicle”. Esta divide el arco argumentativo en ocho partes que llevan al personaje a un recorrido en el que, finalmente, vuelve al mismo lugar pero profundamente cambiado. Roiland, por su parte, es un improvisador nato que toma tequila antes de darles voz y personalidad a los personajes de Rick y Morty.

 

“Esto es estúpido, Morty”

Parte del atractivo de “Rick and Morty” se explica en lo que tiene en común con otros clásicos del género de comedia animada. “Ninguna obra puede pensarse por fuera de los grandes referentes. ‘Padre de familia’ hizo un primer trabajo de combinar ciencia ficción y comedia con los personajes de Stewie y Brian Griffin. El primero es muy parecido a Rick, tiene un montón de aparatos tecnológicos y empieza a jugar con ciertas parodias a la ciencia ficción y a su vez protagoniza aventuras junto a Brian de las cuales el resto de la familia no participa”, detalla Nicolás Canedo, docente de Semiótica de los Medios en la Universidad de Buenos Aires y aficionado a las series

Pero eso solamente no explica la fascinación. Para Canedo, se trata de un producto “posmoderno” debido al nivel de hibridación de géneros. “Llenan los motivos de la ciencia ficción de exageraciones y situaciones absurdas; un tema recurrente es la implementación de maravillas técnicas para resolver problemas triviales”, resalta, haciendo alusión a la creación de un pequeño universo para alimentar la batería de un auto o la experimentación con hormonas para que Morty conquiste a una chica que le gusta.

Pero, además, la gracia de la técnica de storytelling de Harmond está en la exploración de los personajes: mientras que Stewie u Homero son unidimensionales y su gracia está en el gag: los personajes de “Rick and Morty” tienen cierta profundidad. En un capítulo, Rick y Morty destruyen su universo —el C-137— y deciden mudarse a otro parecido en el que sus contrapartes hayan muerto. La escena derrumba emocionalmente a Morty, que tiene que vivir con la certeza de que está viviendo en una dimensión que no es la suya. 

Las críticas sociales son también un punto clave de la serie animada. Rick se presenta a sí mismo como un anarquista que huye de universos en cuanto empieza a romper las reglas. “Las series de televisión siempre fueron moralizantes, asumiendo cierta responsabilidad de instruir e impartir valores, pero hace ya bastante tiempo, especialmente desde los años 90, que buscan criticar cualquier intento de promover alguna moral. Así, al final de cada capítulo queda en duda qué está bien y qué está mal, todo es incierto”, recuerda el docente.

 

“No estoy seguro de esto, Rick”

La acción se mueve gracias a la posibilidad de viajar entre universos paralelos. Que la teoría del multiverso es cierta —algo que los científicos no pueden probar y que tiene serios detractores dentro de las hipótesis que los físicos barajan sobre el universo— es central.

Para Alejandro Gangui, doctor en Astrofísica e investigador del Instituto de Astronomía y Física del Espacio (IAFE), hay una hipótesis que le da cierta legitimidad científica a lo que sucede en la trama.  Lo más parecido a estos portales es la existencia de lo que los científicos llaman “agujeros de gusano”, un fenómeno consistente con la teoría de la relatividad que podría unir dos puntos alejados en el espacio. “En caso de formarse, sería en torno a un tipo de materia desconocido que en teoría tendría una masa negativa y por lo tanto, según las fuerzas de Newton, sería repelente y capaz de ensanchar el espacio”, explica Gangui, quien detalla: “Al producirse este quiebre, también se generaría una conexión con otra dimensión desconectada de la nuestra”.

Es la misma hipótesis que han usado otros directores de ciencia ficción, como Christopher Nolan en “Interstellar”, para habilitar el viaje en el espacio. Solo que Rick lo utiliza para viajar entre lo que Gangui insiste en llamar dimensiones y no universos. “Universo hay uno solo; es el término que se usa en ciencia para hacer referencia a todo lo que existe. De lo que habla la serie es de dimensiones, un sector apartado del nuestro que podría tener, o no, configuraciones similares”, explica.

De encontrar un agujero de gusano alguna vez, las posibilidades de atravesarlo con éxito son improbables. “Acercarse a un objeto tan compacto y denso que quiebre el espacio-tiempo sería letal, su fuerte campo gravitatorio destruiría completamente cualquier objeto”, describe el astrofísico.

El secreto de la pistola de portales es algo que, incluso en la serie, tiene una importancia decisiva; la materia que la hace funcionar es secreta y muchos rivales de los protagonistas intentan robarla. Quizás deba ser así por razones que exceden a la trama: no existe, en nuestro universo, materia alguna que posibilite abrir un agujero en el espacio-tiempo. Por suerte, en el caso de los dibujos animados, existen aún las licencias artísticas. 

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Nota publicada en la edición 242 (noviembre/2017) de INFOTECHNOLOGY.



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