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Booktubers, los jóvenes que mezclan literatura con redes sociales

Los booktubers son parte de un nuevo nicho de mercado: la literatura. El rol de las editoriales para aprovechar la movida que incluye a blogueros y “bookstagramers” en un giro que combina la economía colaborativa con el marketing.

Por Sebastián De Toma - 07 de Abril 2017
Booktubers, los jóvenes que mezclan literatura con redes sociales

Los libros, a esta altura, son una rara avis que se eleva a un estadío mitológico. Y ni hablar si son en papel. Sus primos, los libros electrónicos, son mirados con desdén por aquellos que tienen una relación aurática (al decir de Walter Benjamin), casi mágica, con su predecesor físico. No obstante, la relación que los lectores tienen con los libros sigue cambiando al ritmo de los avances de la IT.

Una de los motores que fomenta ese cambio parte de los YouTubers. Mezcla de presentador televisivo de programa de cable y animador de eventos, se trata de jóvenes —generalmente de entre 15 y 25 años— que suben videos en los que cuentan lo que les pasa, o hacen bromas y ventilan sus opiniones.

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Entre los más conocidos están El Rubius, Pew Die Pie o el chileno Hola Soy Germán. Su denominador común: ganan miles de dólares por realizar publicidades demarcas. El formato alcanzó a los fanáticos de los libros. Pero, en el caso del papel, no se trata de cualquier fanático si no de adolescentes que, literatura juvenil mediante, descubrieron la pasión por la lectura.

Así, jóvenes y adolescentes suben videos en los que reseñan sus libros favoritos (y los que no lo son tanto) y cuentan sus hábitos de lecturas, entre otros. Son los booktubers. El movimiento dio sus primeros pasos en el mundo de habla hispana en México, y luego en España. En el primero, una de las booktubers más famosas es Raiza Revelles, con más de un millón de suscriptores mientras que, en el segundo, el más popular es El coleccionista de mundos, con casi 200.000 seguidores.

En la Argentina, los dos que pisan fuerte son Macarena Yannelli y Matías Gómez, con 22.000 y 14.000 suscriptores, respectivamente. Pero ellos no son los únicos protagonistas. Las editoriales también cumplen un rol de peso atentas a un hecho social que sirva para generar acciones de marketing. Fue así que empezaron a buscar la ayuda de influenciadores que dieran a conocer sus novedades. Además de booktubers incluyen a blogueros, bookstagramers (la versión booktuber en la red social Instagram) y hasta tuiteros.

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Lo importante es que puedan influenciar a su público para que consuman los libros de su editorial. Y, si bien no hay un desembolso económico directo, las editoriales les envían con anticipación las novedades para que los booktubers las reseñen y les ofrecen lugares privilegiados en eventos como el que tuvo lugar en la Feria del Libro de Buenos Aires del año pasado: el primer encuentro internacional de booktubers.

15% crecieron las ventas en el segmento Infantil y Juvenil entre 2011 y 2015.

Federico Valotta, asistente de Marketing en el grupo Planeta, entiende de qué se trata ya que, también es booktuber y bloguero (su sitio se llama “Atrapado en la lectura”). “Ellos comparten libros en sus redes sociales y hay que ir siguiendo cuando hacen las reseñas, ver de qué hablar cuando hay algún evento, por ahí ofrecerles algún ejemplar como para que puedan sortear e, incluso, a alguno le damos algún libro por adelantado para que los puedan ir leyendo, así ellos tienen la novedad y la reseña ya está publicada cuando el libro llega a la librería: eso nos beneficia a ambos”, comenta en diálogo con INFOTECHNOLOGY.

“Son chicos que vimos crecer, hay muchos que eran blogueros y se convirtieron en booktubers porque adoptaron esa moda que vino de afuera, pero siempre con una relación muy cercana, no te diría diaria, pero sí mensual… hasta han venido a tomar el té”, se explaya José Núñez, el encargado de Marketing de la división libros juveniles dentro del grupo Penguin Random House.

Matías Gómez es un booktuber que empezó, con 15 años a publicar reseñas.

Uno de los más conocidos es Matías Gómez, un bloguero y booktuber que con 15 años empezó a publicar reseñas y subir videos allá por 2012. “Al principio, no era común hablar sobre libros en Internet, pero se empezó a formar una red de blogueros interesante, aunque el crecimiento fue bastante lento. Si vos comparás con otros países, la Argentina está por debajo en todo; en el tema YouTube también”, sostiene Gómez (cuyo blog se llama “Cenizas de papel” y el canal que posee en la plataforma de videos de Alphabet es MatiasGBtwo).

El booktuber reconoce: “Ahora los booktubers están poco activos, pero los que están producen videos regularmente, todas las semanas. Mientras, los de afuera suben uno cada tres o cuatro meses, y lo hacen mejor.” Según el entrevistado, “la gente no se identifica mucho con lo nacional, sino que lo hace más con lo extranjero”. Por eso, afirma, está creciendo el movimiento bookstagramer local, “porque son bilingües y así tienen un público más amplio”.

El 16 por ciento de los libros vendidos en el top 100 de 2016 corresponden al segmento joven.

En las editoriales creen que tiene que ver con cambios de plataforma tecnológica, pero que la semilla demostrar la pasión por la lectura está plantada y en crecimiento. Además, a varios de los booktubers consultados les llegaron ofertas laborales, luego de que decidieron dar rienda suelta a su amor por las letras: tanto Valotta como Gómez consiguieron trabajo dentro de la industria editorial.

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Lo mismo le paso a Facundo Tedesco, que comenzó con su blog “Jungla de papel” en 2013, y tiene un canal de YouTube (que, por problemas de derechos de la música de fondo que utilizaba, tuvo que arrancar desde cero hace pocos meses). Tedesco ha dado charlas sobre cómo bloguear y se dedica a armar estrategias en redes sociales. A la hora de contarlo que hace, es más didáctico. “Para los videos, trato de ser lo más dinámico posible, hago una breve sinopsis pero hecha por mí, mientras que para el blog, hago algo más formal, agrego puntos a favor, cuento qué me pareció la trama…”, desarrolla.

Facundo Tedesco comenzó con su blog “Jungla de Papel” en 2013.

 

Huevos de oro

Dentro de un mercado cuyas ventas están planchadas, de acuerdo al Libro Blanco 2016 de la Cámara Argentina de Publicaciones (CAP), el segmento de literatura infantil y juvenil (LIJ) no deja de crecer: durante 2015, la última fecha para la que existen estadísticas, el segmento creció un 5,5 por ciento respecto del año anterior y un 15 por ciento si se considera el período 2011-2015. El 16 por ciento de los libros vendidos en el top 100 en 2016 corresponden a LIJ, de acuerdo a un estudio realizado por la consultora Promage para la CAP.

Y la tendencia no parece que vaya a detenerse: el informe semestral de la Cámara Argentina del Libro muestra que el share de la LIJ dentro del total de libros editados pasó de un 14 por ciento en el primer semestre de 2015 a un 16 por ciento durante el mismo período de 2016. Las editoriales, por supuesto, tienen en cuenta estos números. Por eso, si bien el fenómeno booktuber no se restringe exclusivamente a los libros juveniles, ellos hacen foco allí.

Lo importante es que el booktuber pueda influenciar a su público para que consuman los libros de la editorial.

“Existen booktubers que leen libros adultos, lo que pasa es que es en lo juvenil donde surte más efecto, por lo menos acá en la Argentina”, apunta Valotta. “Nada descarta que el día de mañana surja un booktuber adulto. Mientras difunda literatura, mejor.”

Por el lado de Penguin Random House, Núñez destaca la importancia de un vínculo orgánico para que las reseñas y comentarios de los booktubers sean genuinos. “Nosotros siempre nos apoyamos en los medios propios y la reseña pertinente la compartimos, pero todo lo que sucede en los canales de ellos es orgánico. Entendemos que lo que le da valor es que sea algo genuino. Cuando ya empezás a meter mano ahí, a forzar el vínculo, no está tan bueno”, cierra.


Publicado originalmente en la edición impresa nº 234 (marzo/2017) de Infotechnology.



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