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Silicon Valley, desde adentro, según un emprendedor argentino

13 de Julio 2012
Silicon Valley, desde adentro, según un emprendedor argentino




El mes de junio me encontró una vez más en la zona de la bahía de San Francisco, California, en los Estados Unidos. Más precisamente, en la zona que muchos conocen como el Silicon Valley, una región de límites geográficos difusos que concentra la mayor densidad de emprendedores y compañías de tecnología a nivel mundial.

A diferencia de cruzadas anteriores, esta vez me proponía estar un mes completo viviendo en la “zona de la bahía”. Mi objetivo era claro: establecer en Silicon Valley una operación local de Zauber, la boutique y laboratorio de software que fundé junto a otros cinco amigos y compañeros del ITBA hace algunos años. El objetivo era estar aún más conectados con la vanguardia de la tecnología, acceder a más clientes y desafíos de nuevos proyectos, y tener un contacto más directo y permanente con un ecosistema único.

Mucho se fantasea con el Silicon Valley y, si bien no es imposible hacer negocios allí, desenvolverse con éxito requiere entender con cierta profundidad las particularidades de un entorno complejo.

Silicon Valley es un “ecosistema”: universidades, inversores, emprendedores, proveedores profesionales (abogados, contadores, medios de comunicación) y gobiernos. Todos son parte de este sistema y juegan un papel preponderante para impulsar su crecimiento, entendiendo que deben coordinar acciones, colaborar mutuamente y competir en un contexto de ética, ante todo. Entender este entramado de relaciones no sólo sirve para explicar el éxito de la región, sino también para poder insertarse y comenzar a ser parte.

Si buscás desarrollar tu red de contactos y entender este espacio para hacer crecer tu negocio, entrevistate con abogados, visitá Stanford y tratá de conversar con sus alumnos o profesores, olvídate del turismo tecnológico buscando la foto en el Googleplex. En cambio, visitá al start up de cinco ingenieros que acaba de recibir US$ 2 millones en financiamiento y aún está en un pequeño estudio de San Francisco.

Si querés actualizarte en temas de tecnología, diseño o producto, no siempre hay que pagar miles de dólares en tickets para conferencias de renombre; todas las semanas podés encontrar un “meetup” organizado por grupos de interés y afinidad con ciertas herramientas, tecnologías o lenguajes de programación que uses. La entrada suele ser libre y gratuita. Recién cuando tu negocio haya crecido, podés hacer la inversión en mega conferencias, donde además de escuchar sobre lo nuevo en tecnología, podrás sacar el mejor provecho al “networking” y conversar con los CTOs de tus compañías de Internet favoritas, a quienes te gustaría tener como cliente o partner.

Silicon Valley es una meritocracia, si te destacás, las oportunidades llegarán. Si lográs ser el mejor en un nicho, serás reconocido. Varios vicepresidentes de compañías nacidas en Silicon Valley coincidieron en distintas ocasiones: “Haz algo asombroso para nosotros y sin duda nos enteraremos … ¡y te contactaremos!”. La mejor forma de conseguir atención y reconocimiento válido para tu start up no es una gran campaña de prensa, marketing viral u organizar after offices para tus amigos del sector; lo mejor que puedes hacer es crear un producto asombroso con una tecnología sólida que despierte la atención en el resto.

Finalmente, sepamos que Silicon Valley demandó al menos 50 años para llegar a lo que es hoy, si queremos emularlos y soñamos con tener algún día un pequeño Buenos Aires Valley, empecemos entendiendo que todo lo que hagamos hoy, desde todos los sectores involucrados, será para que sus frutos sean cosechados en varias décadas, un desafío fenomenalmente difícil para una sociedad acostumbrada a pensar sólo a cuatro años.



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